
Después de terminar la primera vuelta por detrás de su adversario,Luiz Inácio Lula da Silva fue reelegido para un cuarto mandato como presidente con el 51,79% de los votos válidos,frente al 48,21% de Flávio Bolsonaro. Fue una reversión inédita del resultado en una campaña que combinó articulación política en las redes y en las calles,a partir de una ofensiva digital liderada por el diputado André Janones (Rede-MG). La estrategia,ahora denominada “Janonismo”,sirvió para mostrar al mundo la fuerza de las redes sociales como uno de los principales terrenos de disputa por el poder.
Tras el golpe que supuso la primera vuelta para el Partido de los Trabajadores,la operación ganó escala. El llamado Ejército de Lula,un canal de WhatsApp creado por el diputado que antes contaba con 50,000 seguidores,llegó a los 10,8 millones. Fue una unión de la izquierda y la derecha brasileña contra el bolsonarismo.
La iniciativa funcionó como una central de movilización,con una estrategia de alcance digital capaz de despertar la envidia de cualquier equipo de marketing: la distribución de videos,audios,textos y memes se convirtió en “misiones” organizadas,en las que los participantes debían impulsar esos contenidos en otras plataformas,posicionar hashtags,invitar a nuevos integrantes y participar en acciones digitales y presenciales,que culminaron con millones de personas en las calles. El secreto,sin embargo,consistía en ignorar por completo y,de ser posible,bloquear los contenidos y representantes del adversario para reducir su alcance algorítmico.
La lógica responde a lo que el sociólogo Ubiraci (señorita Bira en las redes) denominó “holofotación”: un término que,básicamente,se resume en la máxima de que “no existe la mala publicidad”. El algoritmo interpreta la relevancia de un contenido no solo a partir de los “me gusta”,sino también del tiempo que el usuario pasa viéndolo y de si genera interacciones,sobre todo comentarios,ya sean críticas,defensas,muestras de acuerdo o desacuerdo. Si se lo ignora,no gana alcance: es irrelevante. El algoritmo entiende que no debe seguir mostrándolo. Así de simple.
Además,las plataformas imponen un formato ideal. Lula se adaptó a él y comenzó a grabar videos cortos en formato selfie,con una comunicación más directa y menos dependiente de producciones institucionales. Él,que hasta entonces ni siquiera tenía celular,recibió uno durante la campaña y anunció que participaría en la movilización. Después de la victoria,prometió comunicarse directamente con la población con más frecuencia y afirmó que la comunicación digital tendrá mucho más espacio en el próximo gobierno.
La novedad de 2026 fue que Janones organizó una operación de tal magnitud que traspasó las fronteras. En Francia,los partidarios de Jean-Luc Mélenchon crearon un canal de WhatsApp que llegó a aproximadamente 161,000 suscriptores al 30 de octubre. En Argentina,el Ejército del Peronismo reunió cerca de 65,mientras que el español La Fuerza de la Gente,vinculado a partidarios de Pedro Sánchez,alcanzó los 43,000. En mítines,el candidato llegó a mencionar que “si Brasil lo consiguió,España también puede”.
Lo cierto es que la controversia no terminó con el resultado electoral. El 29 de octubre,el Ministerio Público del Trabajo (MPT) también demandó a Meta y solicitó 50 millones de reales por daños morales colectivos,además de la eliminación de publicaciones que alentaban a los empleadores a vigilar,exponer y despedir a trabajadores por su voto. El organismo también señaló que herramientas de la empresa,como Reels y Explorar,ampliaban el alcance de esos mensajes.
El episodio pone de manifiesto la dimensión del problema: empresas extranjeras controlan servicios esenciales para la comunicación política de los países y,mediante decisiones sobre algoritmos,publicidad y moderación,pueden influir en qué discursos ganan visibilidad y en qué escala. Incluso sin una orden explícita de interferencia electoral,este poder privado y transnacional afecta las condiciones en las que se forman el debate público y la opinión de los votantes.
Con otras medidas arancelarias,los recargos impuestos por Estados Unidos pasaron a afectar alrededor del 23,1% de las exportaciones brasileñas a ese país,según el Ministerio de Desarrollo,Industria,Comercio y Servicios. Así,la defensa de normas nacionales para las plataformas y de un sistema de pagos propio pasó a formar parte de una disputa comercial con consecuencias concretas para los exportadores y para la relación bilateral.
En Brasil,Lula busca avanzar con una agenda que combina la regulación de las plataformas,el desarrollo de Inteligencia Artificial y la infraestructura digital. Entre las iniciativas figuran la actualización de las normas del Marco Civil de Internet y el fortalecimiento de la Autoridad Nacional de Protección de Datos (ANPD),el Plan Brasileño de Inteligencia Artificial (PBIA),los incentivos a la instalación de Centros de Datos a través de Redata y la prohibición de las apuestas de cuota fija,incluidas las apuestas deportivas y los juegos en línea,mediante una medida provisional.
La implementación de esta agenda,tendrá que enfrentar un Congreso elegido con mayoría opositora,lo que podría dificultar la aprobación y la continuidad de las medidas. La disputa por la soberanía digital brasileña,por lo tanto,no se librará únicamente frente a las big tech y a la presión externa,sino también dentro de las instituciones nacionales.
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